Anna Ajmátova: Anna de todas las Rusias

Akhmatova

Anna Andréievna Gorenko (23 junio 1889-5 marzo 1966) fue una poeta rusa con una vida difícil y llena de altibajos.

Ajmátova coge este nombre de una antepasada materna, una princesa tártara que se apellidaba así, debida a la vergüenza que su padre sentía ante la publicación de las intimidades de la poeta.

La enfermedad, que la acompañaría durante toda su vida, fue la causante de muchas pérdidas alrededor de Ajmátova. No obstante, sería la enfermedad la que, en 1900, «despertaría» la poesía en ella, pues sería durante su convalecencia donde Anna Ajmátova escribiría su primer poema.

Su familia no era demasiado aficionada a la literatura, a pesar de que una antepasada suya por parte materna, Anna Búnina, sería la primera poeta rusa conocida.

La educación que Ajmátova recibió fue espléndida. Con 7 años ya aprendió a leer con el abecedario de León Tolstoi, a los 10 años ingresaría en Tsarkoie Seló (instituto muy prestigioso situado cerca de la actual San Petersburgo) y a los 13 ya conocería a los poetas malditos. En 1905, tras la muerte de una de sus hermanas, sus padres se separarían, provocando un gran dolor a Ajmátova.

En 1909, se casará con el poeta Nikolai Gumiliov, perteneciente, al igual que Ajmátova, al movimiento acmeísta. Este movimiento, al que pertenecería también Ósip Mandelshtam, gran amigo de Ajmátova, surge como contraposición al simbolismo ruso. Pretenden, con esto, implantar la claridad en el lenguaje de todo lo que retratan en sus obras, aunque sea crudo (cosa que Ajmátova hará en tiempos de guerra), y abandonar el hermetismo, la ambigüedad y la polisemia del simbolismo.

Junto a Gumiliov, Ajmátova frecuentaría mucho El Perro Errante, un club adonde acudían diversos artistas (poetas, músicos…) a compartir sus obras. Gumiliov se vería, durante toda su vida, embargado por el talento y la fama de Ajmátova, lo que le provocaría una fuerte envidia.

En su matrimonio con Gumiliov, Ajmátova quedaría condenada a ser la «esposa engañada», dado que Gumiliov tenía numerosas relaciones extramatrimoniales. No obstante, Ajmátova también tendría relaciones fuera de todos sus matrimonios. En la época de El Perro Errante, Ajmátova y Aleksandr Blok, poeta perteneciente al movimiento del simbolismo ruso, se dedicarían poemas mutuamente, a pesar de representar dos corrientes literarias totalmente opuestas. Sin embargo, no hay evidencia de que realmente fuesen amantes como en ocasiones se piensa.

«Hay en la intimidad un límite sagrado que trasponer no puede aun la pasión más loca siquiera si el amor el corazón desgarra y en medio del silencio se funden nuestras bocas.»

En 1917, publicaría su tercer poemario (tras La tarde y El rosario), Rebaño blanco, donde hablaría sobre los amores perdidos, pero, sobre todo, donde aparecerían, por primera vez, sus tan característicos poemas sobre la guerra, donde dejaría ver claramente la influencia acmeísta con un claro lenguaje para hablar de la terrible situación de su país.

Hemos de mencionar que, durante su matrimonio con Gumiliov, este, que se veía movido por un gran espíritu aventurero, pasaba grandes periodos de tiempo fuera de Rusia. Estas separaciones provocaron que cada uno hiciese su vida por separado y, cuando Gumiliov regresó de una exploración en abril de 1918, Ajmátova le pediría el divorcio, que se haría efectivo en agosto.

Si bien este matrimonio no funcionaría, Ajmátova tan solo tuvo un hijo, con Gumiliov, en 1912, Lev Gumiliov, que se convertiría en un importante historiador. Su relación con Lev sería bastante distante, dado que el muchacho se crio con su abuela paterna y no con sus padres. Esto provocaría un sentimiento de abandono que Lev no superaría hasta casi el final de los días de Ajmátova.

Tras separarse de Gumiliov, Ajmátova se casaría en diciembre de 1918 con el poeta Vladimir Shileiko, el cual no quería una poeta, sino una esposa. Esta afirmación provocaría que, en la época en la que estuvo casada con él, Ajmátova no escribiese y, mucho menos, publicase, poema alguno. Esto se debía a los celos que Shileiko sentía por la brillante poeta. Es en esta época cuando Ajmátova empezaría a cartearse con otra gran poeta rusa: Marina Tsvietaieva.

En el verano de 1921, Ajmátova decide dejar a Shileiko y se muda a la Casa de Fontanka con su amiga Olga Sudeikina y Artur Lurie, que se verían obligados a exiliar en 1924 y 1922 respectivamente.

En esta época, en Rusia, se vivía un periodo de guerra civil que marcaría a los artistas, pues muchos se vieron obligados a exiliar, otros fueron encarcelados y otros tantos, asesinados.

«Era una época en que solo los muertos sonreían, felices en su paz.»

Entre las pérdidas a las que se vio sometida Ajmátova durante la guerra civil, hemos de mencionar el fusilamiento de Gumiliov en agosto de 1921, que dejarían huella en la poeta quien, a pesar de haberse separado de él, seguía admirándolo profesionalmente.

En este periodo, Ajmátova comenzaría una relación extramatrimonial, pues seguía casada con Shileiko, con Nikolai Punin, un conocido historiador del arte, que también estaba casado. Ajmátova y Punin, además de tener sus respectivos matrimonios, no se privaron de ser infieles entre ellos.

En el otoño de 1922, Ajmátova comienza a estar cansada de luchar contra la situación política de Rusia, la cual rechazaba férreamente y que conllevaría que su vida fuese terriblemente complicada. Se encontraban en ella sentimientos contradictorios, pues uno de sus grandes amores, Anrep, se encontraba en el exilio y, su deseo de reunirse con él, provocaría que en más de una ocasión Ajmátova quisiese rendirse y marcharse. No obstante, el amor que sentía por su patria impedía, junto con la idea de que tenía que retratar la situación que estaba viviendo y luchar por que esta mejorase, que Ajmátova aceptase irse al exilio.

En plena época de esplendor de su obra, cuando estaba en la cumbre de su éxito literario, el Partido Comunista inició una campaña contra la obra de Ajmátova, que desembocaría en la prohibición para publicar en 1927. No obstante, el prestigio del que gozaba ayudó a que se le concediese una pensión fija por «méritos literarios». Esta prohibición no impidió que Ajmátova continuase escribiendo pero, para evitar problemas, Ajmátova escribía los poemas, los memorizaba y, acto seguido, quemaba la hoja donde lo había escrito.

Su relación con Punin, con el que vivía desde 1925, comenzaba a deteriorarse en los años previos a la «Gran Purga» de Stalin.

En 1935, su hijo Lev y Punin serían detenidos y soltados en noviembre de ese año. Llegamos aquí a un punto de inflexión en la relación entre Ajmátova y Punin. En 1936, Punin encuentra una nueva amante y Ajmátova desiste en su relación, a pesar de que él la seguía amando.

En 1938, su hijo Lev es detenido nuevamente y la ruptura entre Ajmátova y Punin se hace definitiva.

«Hoy tengo que hacer muchas cosas:
hay que matar la memoria,
hay que petrificar el alma
hay que aprender de nuevo a vivir.»

En la época en la que Lev estuvo preso, Ajmátova luchó con todas sus fuerzas por intentar que fuese liberado. Todos los días acudía a las colas de la prisión de Leningrado para pedir su liberación y llevarle provisiones, a pesar de su mal estado de salud.

En esta época comenzó una relación con Vladimir Garshin, un conocido médico de Leningrado, quien la apoyaba y cuidaba en sus desesperados intentos por liberar a su hijo.

En cierto modo, el encarcelamiento de su hijo provocó que Ajmátova pasase a la historia de la literatura rusa, pues fue en estas colas de la prisión donde nacería su obra más conocida: Requiem, que cuenta el sufrimiento de todo un pueblo, desesperado y herido. Esta obra nació después de que una mujer preguntase a Ajmátova si podía describir la situación, reto que la poeta aceptó.

En 1940, su época de aislamiento literario, que se había iniciado en 1927 tras la prohibición de publicación sobre su obra, empezaba a ver fin. En ese año, entró en la Unión de Escritores de la URSS, que le concedió una pensión mensual, cosa que ayudó mucho a crecer a la poeta.

Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939), Leningrado fue asediado por los nazis (1941), lo que reforzó notablemente el sentimiento patriota de muchos artistas rusos, entre ellos Ajmátova. Muchos de estos artistas se vieron obligados a exiliarse. Ajmátova, muy a su pesar, pues Leningrado había sido su hogar durante muchos años, estuvo exiliada en Cristopol y, más tarde, en Tashkent.

En 1940, Lev es liberado de su última detención y, en 1944, finaliza el asedio nazi a Leningrado. El día 15 de mayo, Ajmátova regresa allí y, en 1945, conoce al que sería su último amor, Isaiah Berlin, pensador e historiador británico, quien le hace recordar amigos del pasado como Anrep o Artur Lurie. En enero de 1946 se ven por última vez.

Este romance provocará que, de nuevo, Ajmátova se vea en peligro y se vea rechazada por el régimen. En agosto de 1946, es expulsada de la Unión de Escritores.

En noviembre de 1949, Lev es arrestado nuevamente.

En 1953, se producen dos hechos muy importantes. A pesar de no poder publicar su obra, Ajmátova se ganaba la vida haciendo traducciones, lo cual ayudó a que su situación económica mejorase mucho. Del mismo modo, en agosto, Punin, el que probablemente hubiese sido su mayor amor, fallece.

En mayo de 1956, Lev es liberado y, a partir de entonces, la relación entre Lev y Ajmátova comienza a ser menos tensa, aunque su hijo guardará cierto rencor, pues en todos sus encarcelamientos, pensaba que su madre lo había abandonado. En ese mismo año, Ajmátova comienza a ser rehabilitada, poco a poco, en el mundo literario ruso.

En 1958, Ajmátova publicará su primer poemario tras la muerte de Stalin, principal opositor a su poesía.

Ajmátova, la gran poeta rusa, recibirá importantes reconocimientos internacionales. Por un lado, será nominada al Premio Nobel de Literatura en 1962, aunque no lo obtendrá. Gana el Premio Internacional de Poesía Etna-Taormina (Italia) en 1964, año en el que también será nombrada Presidenta de la Unión de Escritores. En 1965, será nombrada doctora Honoris Causa por la Universidad de Oxford.

Finalmente, el 5 de marzo de 1966, Anna Ajmátova muere en Leningrado a la edad de 76 años.

Su vida determinó totalmente el curso de su obra poética. Los horrores y el sufrimiento que vivió fue lo que propició que se construyese una «Anna de todas las Rusias», como la denominó Marina Tsvetaieva. A día de hoy, Ajmátova es considerada como una de las grandes poetas rusas del siglo XX.

«Y vino una noche
que no conoció la aurora.»

Marta.

*Toda la información aquí plasmada, así como el título de la entrada, ha sido extraída del libro Anna Ajmátova: Anna de todas las Rusias, de Elaine Feinstein.

Entrada para la iniciativa Adopta una Autora
Twitter: @AdoptaUnaAutora

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