Reseña “Innormal” de Carlos Miguel Cortés

INNORMAL

A veces, te da9788408147862 por explorarte a ti mismo y descubres cosas. Puedes descubrir quizás que no estás tan triste como pensabas que estabas en ese momento, puedes descubrir que en realidad no te gusta esa chica que duerme a tu lado, puedes descubrir que lo único que deseas es coger una mochila y perderte por el Amazonas, o hasta que odias los huevos fritos, no sé. Yo, hace un tiempo, rebuscándome por dentro, descubrí que era innormal. Y que no necesitaba la normalidad dentro de mi vida. Que menudo aburrimiento eso de la normalidad necesitada. Que mucho mejor aceptarse, y compartir con quien quiera leerme mis neuras y filias y fobias. Que viva la búsqueda de seres innormales que me ha acompañado desde ese descubrimiento, y que os rebusquéis por dentro, que quizás seáis también tan innormales como yo.


Desde que comencé hace 3 años, siempre he estado sola en el blog hasta este momento, hoy despedimos el año y damos la bienvenida a Marta Moreno como nueva colaboradora del blog, espero que esta entrada sea la primera de muchas y que se sienta tan cómoda en Un café nocturno como lo estoy yo siempre.

Hay una frase que se suele repetir en algunos actos de poesía culpables de que nosotras nos hayamos conocido y es la de “no todas las primeras veces duelen”, eso es cierto, pero en este caso le dejo a ella la libertad de opinar sobre su primera vez en el blog, no por el hecho de publicar su primera entrada sino por la entrada que se trata.

Yo nunca he querido reseñar este libro por varias razones:

  1. No quería perder mi tiempo en leerlo
  2. No creo que un libro que contiene poemas de alguien que plagia merezca tener un rincón en un blog dedicado a la literatura, a la poesía y al arte, eso sin entrar a valorar lo que me parecen o no me parecen los poemas.

Pero Marta se ha atrevido, y yo, lo mínimo que podía hacer era publicarla. Espero que la disfrutéis.


AVISO:

Antes de comenzar con la reseña, quiero agradecer a Mai que me haya cedido un pequeño espacio de su blog y a vosotros, lectores, que os paséis por aquí para escuchar hablar de literatura.

Además, me gustaría dar un pequeño aviso para todos los que hayáis llegado hasta aquí. A pesar de los prejuicios que tengo para con el autor, he tratado de ir más allá de ellos y escribir una reseña que no esté demasiado contaminada por mis sentimientos personales. He intentado hacer la reseña con esa separación que a veces tenemos que adoptar para poder ser justos y profesionales.

Por desgracia, me temo que la realidad me ha superado y me he visto obligada a dejar mis sentimientos y pensamientos fluir para expresar lo que me ha supuesto leer este libro y, por consiguiente, leer a su autor.

Supongo que no es hasta que te retan (como lo hizo Mai conmigo en su momento) que determinadas personas se plantean, nos planteamos, leer a este tipo de autores que se dedican, no solo a manchar el nombre de la Poesía, sino a llenar sus bolsillos a costa de una literatura de poca calidad y, como en el caso de Carlos Miguel Cortés, con influencias tan explícitas que llegan hasta el plagio.

Por eso, pido disculpas de antemano si no he sido demasiado objetiva.

OPINIÓN

El término «Innormal» está definido, o al menos así lo reza la contracubierta del libro, como la incapacidad absoluta de ser normal.

Carlos Miguel Cortés, más conocido como «Turista en tu pelo» nos presenta en su segundo poemario un nuevo concepto para llamar a esos niños «raros» que todos hemos conocido en algún momento de nuestra vida, o que quizá, hemos sido nosotros mismos. No obstante, él ya no los considera, no se considera así mismo, raros. Ahora es, son, simplemente, INNORMALES.

Dividido en cinco partes, este libro hace un recorrido, como si de La divina comedia se tratase, por etapas que todos, en algún momento, hemos atravesado o atravesaremos hasta la purificación de nuestros sentimientos: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.

Entre cinco y siete preciosas frases de personajes (extraña y milagrosamente citados, teniendo en cuenta la costumbre de Turista en tu pelo) como Galeano, Cortázar, Bukowski o Unamuno, o películas como la entrañable Up o la popular El club de la lucha, abren cada una de estas cinco partes.

Preciosas frases que, lamentablemente, no tienen mucho que ver ni entre ellas ni con el contenido de la parte.

Preciosas frases que, supongo, están puestas estratégicamente para que el lector de Innormal piense: ¡guau, vaya autor cultivado, cuánta gente grande ha leído y cuántas grandes películas ha visto, debe estar influenciado por ello!

No obstante, en este punto de inflexión, me veo en la obligación de discrepar.

Poner cuatro frases inspiradoras por haber leído cuatro libros típicos y haber visto cuatro películas típicas de esa gente que quiere creer que sabe mucho de literatura y cine, no influye verdaderamente en el ser como escritor. Hay que ir más allá. Y poca gente, entre los que Carlos Miguel no se encuentra a mi parecer, logra hacer eso.

Él no va más allá.

Y ¿por qué digo esto? Muy sencillo.

Tras la página de las frases encontramos una página donde el autor describe sus experiencias pasadas, de cuando era un adolescente, y da sentido a por qué cada parte tiene el nombre que tiene. Hasta ahí todo normal.

No es, sin embargo, hasta la página número tres tras la presentación de cada parte que se refleja el porqué de mi afirmación de que rodearte de arte, no te hace, ni mucho menos, artista.

Con las cinco partes, descubrimos cinco síndromes que algunas personas sufren. Estos no son síndromes que, al explicar qué provocan en el ser, descompensen la belleza que podríamos encontrar en el libro. En absoluto. Son síndromes que lo impregnan algo más de literatura. Síndromes descubiertos y bautizados con nombres de personajes literarios: Huckelberry Finn, La Bella Durmiente, Frankenstein, Madame Bovary y Pollyanna.

La presentación de estos cinco síndromes, si bien escrita de tal forma que consigue crear verdadera belleza, no parece ser obra del autor.

Esta sospecha se confirma cuando el lector, curioso por naturaleza (o por los prejuicios ya antes mencionados contra el autor), decide investigar la veracidad del síndrome en cuestión.

Cuál es la sorpresa cuando, buscando en Internet, encuentra un artículo sobre psicología con, exactamente, las mismas palabras que ha usado el autor en su libro.

Sí, es cierto, estaréis pensando: bueno, si el síndrome existe, es normal que el muchacho haya cogido la información de algún libro o alguna página de Internet especializados para poder definirlo y explicarlo en condiciones.

Ahora bien, ¿es apropiado coger una información, parafrasearla totalmente y no mencionar siquiera la fuente de donde se ha sacado? Tan solo, pensadlo cinco segundos.  Pensad cómo, si un autor reconocido a nivel, dejémoslo, nacional, hiciese eso, buscase información especializada y no la citase convenientemente, tendría un serio problema, pues el plagio es considerado un delito contra el derecho de autor.

Pero bueno, dejemos a un lado los temas judiciales y continuemos.

Tras los síntomas, viene la enfermedad: sus poemas.

La RAE define poesía como la manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa.

¿Puede ser considerado poesía este libro? En mi más sincera opinión, y sin que me guste especialmente etiquetar las cosas, no. Este libro, repito: desde mi punto de vista, NO es poesía.

He aquí una batería de pruebas que, desde un punto de vista técnico, denotan que lo que este autor y sus fieles seguidores consideran poesía deja un poco que desear:

  • Escribe qué bien sabe mi polla.
  • La primera vez que probé un tripi escribí esta puta mierda.
  • Pienso que podría follármela si quisiera.
  • […] a distancia de empalmada de recién despertado.
  • Con esa cara de gatita que me ponías.

Y, por último, pero no por ello menos importante, la joya de la corona del poemario:

  • Me gusta comerte el coño.

Supongo que, unido a la poca coherencia entre los poemas y la parte donde se encuentra, como a los poemas entre sí –por ejemplo, cuenta su bonita historia de amor, salta sin sentido a tratar el maltrato de una niña a criticar la tauromaquia y de ahí sigue contando su bonita historia de amor–, el tema del lenguaje poco poético que emplea, es lo que más me hace rechinar.

Está más que claro que, cada cual, tiene su estilo a la hora de escribir. No todos los poetas pueden crear la magia como la creaban los viejos poetas como Lorca o Neruda, ni siquiera como los poetas más contemporáneos como Ángel González o García Montero.

Sin embargo, qué menos que transformar frases tan, permitidme la expresión, «barriobajeras» como es ese «me gusta comerte el coño», e intentar darles un tono bello, un giro que las haga sonar con un tono melódico y encantador como con el que suenan los versos de, por ejemplo, Benedetti, que lograrían enamorar hasta a una piedra postrada en mitad del campo, siempre desde una perspectiva y un estilo personales propios de cada autor, evidentemente.

En definitiva, y ya para concluir, me gustaría compartir unos versos de Suso Sudón que dicen: «La poesía no ahora que está siendo escrita. La poesía es ahora que está siendo leída».

Por esto, deberíamos medir de forma muy precisa qué es y qué no es poesía. Y, por tanto, deberíamos abrir los ojos y tener un filtro para depurar a esos (pseudo)poetas que, como Carlos Miguel Cortés, olvidaron que la poesía consiste en crear belleza, no en ganar dinero a costa de lectores que reclaman una poesía más cercana a nuestros gustos y nuestra época.

Marta.

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